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lunes, 8 de agosto de 2011

Oxitocina, la hormona que regula el miedo

Hasta ahora se sabía que la oxitocina, una hormona que surge del hipotálamo, tiene un efecto inhibidor del miedo en la amígdala, que es la estructura cerebral donde se origina el miedo.

Pero investigadores de la Universidad de Lausanne(Suiza) han descubierto que dicha hormona solo bloquea algunas de las respuestas generadas por este sentimiento.

La oxitocina inhibe las respuestas que se proyectan de la amígdala al tronco del encéfalo (que comunica el cerebro anterior, la médula espinal y los nervios periféricos) y que causan la parálisis del individuo

Explica Ron Stoop, uno de los autores del estudio e investigador del Centro de Psiquiatría y Neurociencias de la Universidad de Lusanne.

Sin embargo, esta hormona no afecta a las respuestas que se proyectan de la amígdala al complejo vagal dorsal, área del tronco del encéfalo que regula la expresión fisiológica del miedo como la frecuencia cardíaca

Así, la oxitocina mantiene la sensación de miedo y permite al organismo actuar contra este sentimiento, pero sin hacer que el individuo se quede del todo inmóvil.

Además de reducir la sensación de miedo, la oxitocina ha atraído la atención de los científicos por sus efectos sobre el comportamiento (incrementa la confianza y las relaciones sociales) y el rol que desempeña en la conducta maternal y algunos procesos fisiológicos como el parto y la lactancia.

Por estos efectos sobre la conducta, la oxitocina es conocida como la ‘hormona del amor’.

Por otro lado, la oxitocina también resulta importante para el desarrollo de tratamientos terapéuticos contra el autismo, la esquizofrenia, la ansiedad y los trastornos causados por el miedo.

Mientras las benzodiacepinas (medicamentos que actúan sobre el sistema nervioso central) eliminan la sensación de miedo, la oxitocina la mantiene intacta, pero permite al organismo actuar de una manera más judicial aunque la sensación de peligro permanezca
Fuente:
http://www.xatakaciencia.com/psicologia/la-oxitocina-la-hormona-que-regula-la-respuesta-del-miedo

martes, 19 de julio de 2011

Científicos crean el primer chip de memomria implantable

Suena a ciencia ficción pero es real. Nos referimos a la implantación directa de conocimientos en el cerebro, convertir nuestra materia gris en un disco duro donde almacenar cualquier información.

Suprimir el proceso de aprendizaje de un plumazo tendría impensables consecuencias sociales, aunque tal suposición rice el rizo de un avance que, por el momento, se ha demostrado exitoso en su investigación con roedores.

El chip alberga señales neutrales que funcionan a modo de memoria electrónica. Ésta fue manipulada e implantada a varios grupos de ratas, de tal manera que recordasen el camino a seguir en un laberinto (o no) con tan sólo apretar un botón: el que activaba o cesaba el estímulo del chip en cuestión. Dicho de otro modo: pudieron controlarse los recuerdos de cada sujeto experimental tras su previa inserción.

Activa un interruptor y las ratas recordarán. Desactívalo y olvidarán. El estudio demuestra por primera vez que, con la suficiente información sobre el código neuronal de los recuerdos, una prótesis neural capaz de identificaciones en tiempo real y la manipulación del proceso de codificación, podemos reestablecer e incluso potenciar los procesos de cognición mnemotécnica.
El siguiente paso del equipo es investigar con monos, intentando dar con resultados similares. La experimentación con humanos ya es otro cantar, pero como suele decirse, todo se andará.

viernes, 15 de julio de 2011

Leer nos cambia el cerebro (más de lo que creemos)


Hay mucha gente que opina que leer no sirve de nada, que hoy en día, a causa de la televisión, va perdiendo terreno, y va a desaparecer. Como no podía ser de otra forma, yo estoy disconforme con esta opinión. La lectura genera emociones complejas, cosa que probablemente no nos cause nunca la tele.

Según un estudio de la psicóloga mexicana Feggy Ostrosky-Solís, la lectura hace que una persona entienda de manera diferente el lenguaje, y procese de diferente manera las señales visuales. Además, los recuerdos se almacenan de forma diferente.

No solo eso, sino que, además, los cerebros de gente que lee en inglés desarrollan más las partes relacionadas con descifrar formas visuales, comparado con cerebros de gente que hablan leguas que se pronuncian prácticamente como se escriben, como es el caso de la lengua española o la italiana.

¿Y qué diferencia hay entre el trabajo que hace el cerebro al leer y al ver la tele? En 2009, Nicole Speer publicó un estudio en el que decía:

Los lectores simulan mentalmente cada nueva situación que se encuentran en una narración. Los detalles de las acciones y sensaciones registrados en el texto se integran en el conocimiento personal de las experiencias pasadas. Las regiones del cerebro que se activan a menudo son similares a las que se activan cuando la gente realiza, imagina u observa actividades similares en el mundo real.
Esto es así porque la lectura es algo bastante antinatural (aunque muy beneficioso): ¡Imaginamos una situación a partir de unos símbolos impresos sobre una pulpa de árbol prensada! Y para poder hacer esto, hemos tenido que aprender a no distraernos. Esto es debido a que nuestros ancestros tenían el cerebro siempre en busca de irregularidades (un depredador cerca o la posibilidad de encontrar una fuente de comida). Cuando detectaban una irregularidad dejaban lo que estaban haciendo para protegerse, comer... Como indica Nicholas Carr:

Leer un libro significaba practicar un proceso antinatural de pensamiento que exigía atención sostenida, ininterrumpida, a un solo objeto estático. Exigía que los lectores se situaran en lo que el T. S. Eliot de los Cuatro cuartetos llamaba “punto de quietud en un mundo que gira”. Tuvieron que entrenar su cerebro para que hiciese caso omiso de todo cuanto sucedía a su alrededor, resistir la tentación de permitir que su enfoque pasara de una señal sensorial a otra. Tuvieron que forjar o reforzar los enlaces neuronales necesarios para contrarrestar su distracción instintiva, aplicando un mayor “control de arriba abajo” sobre su atención. “La capacidad de concentrarse en una sola tarea relativamente sin interrupciones”, escribe Vaughan Bell, psicólogo del King´s College de Londres, representa “una anomalía en la historia de nuestro desarrollo psicológico".
Pero los lectores no fueron los primeros en desarrollar la concentración. Mucho antes, por ejemplo, los artesanos, tuvieron que aprender a concentrarse en su tarea, ignorando estímulos externos. Pero lo que hace única a la lectura es que en esta tarea, la concentración se combina con el desciframiento del texto con la interpretación de estas palabras, que simulan una actividad.

Fuente | http://www.xatakaciencia.com/psicologia/leer-nos-cambia-el-cerebro-mas-de-lo-que-creemos
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